Las reglas pueden ayudar… hasta que no.
En particular esas reglas que te dicen que tienes que hacer algo de cierta precisa manera o en cierta exacta dosis o a cierta hora.
Y que si no lo estás haciendo así, lo estás haciendo “mal”.
O que no lo estás haciendo de la mejor manera.
O que te estás perdiendo de algo esencial para vivir mejor.
Por ejemplo:
- Tienes que levantarte a las 5 am.
- Tienes que caminar 10,000 pasos diarios.
- Tienes que darte baños fríos.
- Tienes que comer pescado al menos 2 veces por semana.
- Tienes que…
Siempre que escucho este tipo de reglas se encienden mis antenitas de alerta.
Y te invitaría a que también se encendieran las tuyas.
Antes las solía amar y las seguía rígidamente (quizás religiosamente).
Era sencillo.
No tenía que pensar:
“Si sigo estas reglas al pie de la letra, todo estará bien”.
Me simplificaban las cosas… hasta que me las complicaban.
Y me las complicaban porque, por un lado, las seguía de forma rígida e inflexible y si por alguna razón no podía seguirlas, no sabía qué hacer o me estresaba por no seguirlas.
Por otro lado, me complicaban porque no entendía los principios detrás de esas reglas, aquellas pautas generales que nos ayudan a guiar nuestro comportamiento y que aplican para prácticamente todos.
Regresemos a las reglas que mencioné arriba.
¿Hay algún principio detrás de estas reglas?
Veamos:
Regla: Tienes que levantarte a las 5 am.
Principio: Ten una estructura en tu día, lo que mejor te funcione. Una estructura flexible, claro.
Regla: Tienes que caminar 10,000 pasos a diario.
Principio: Muévete a lo largo de todo el día. Puede ser caminando (y no, no tienen que ser 10,000 pasos) o haciendo cualquier otro tipo de movimiento.
Regla: Tienes que darte baños fríos.
Principio: Practica exponerte a breves dosis de experiencias incómodas. Te hacen más resiliente. Le llamo incomodidad con propósito. Pueden ser baños fríos, o ayunar, o sauna, o aguantar al respiración, o retadoras sesiones de entrenamiento.
Regla: Tienes que comer pescado al menos 2 veces por semana.
Principio: Incluye grasas omega-3 en tu alimentación. El pescado puede ser una forma de hacerlo, pero no es la única.
Entonces:
Cuando te topes con afirmaciones acerca de algo que se supone que debes o tienes que hacer, pregúntate:
¿Esto es una regla o un principio?
Si es una regla, ¿hay algún principio detrás de ella?
No todas las reglas lo tendrán.
Hay muchas reglas circulando por ahí sin sentido.
Por ejemplo:
“No comas más de una fruta al día porque tienen mucha azúcar”.
Ok, ignorar.
Y si sí hay algún principio fundamental de la regla, como los de arriba, enfócate en éste e impleméntalo de una forma que se ajuste a ti.
Para lograr que los principios de una alimentación nutritiva se conviertan en hábitos de por vida, dale un vistazo a mi sistema:





