Colocar un espejo frente a nosotros mismos y conscientemente reconocer aquello que no nos gusta –nuestros “malos” hábitos, nuestras fallas, errores y defectos personales– puede ser una experiencia emocional difícil.
Sentimos culpa, menosprecio.
Nos sentimos menos, nos castigamos, nos enojamos.
Por lo tanto, evitamos hacerlo.
Metemos nuestros defectos bajo la alfombra, como si no existieran.
O recurrimos a lo que mencioné en la newsletter pasada: culpamos a factores externos o hacemos excusas para justificar nuestras fallas.
Esta es una razón por la que muchas personas no quieren hacerse un chequeo médico.
No quieren saber que están “mal”.
Si no se checan y no se enteran, es como si no existiera un problema.
Pero al hacer esto nos engañamos.
Manejamos emociones incómodas en el corto plazo a expensas de nuestro bienestar a largo plazo.
Y si no reconocemos con honestidad lo que no nos está funcionando, no podemos mejorarlo.
Hoy comparto una cualidad que te permite reconocer tus errores y deficiencias abrumarte por emociones difíciles.
Que te ayuda a asumir responsabilidad sobre tu salud.
Que incrementa tu motivación para tomar acción.
¿Qué cualidad?
La autocompasión.
La autocompasión es desearte bienestar a ti mismo.
Desearte que no sufras, que seas feliz, que vivas una buena vida.
Y asumo que es algo que tú quieres para ti mismo.
Es algo todos queremos.
Pero ante nuestros errores, fallas y deficiencias personales, nuestro autodiálogo rara vez es de compasión, sino de autojuicio y autocastigo.
Vemos que…
… no hacemos ejercicio,
… que nuestra glucosa en sangre está por los cielos,
… que no comemos verduras,
… que cometemos un error,
… que somos inconstantes.
Y una vocecita en nuestra cabeza nos juzga, nos castiga, nos menosprecia, nos hace menos.
Y esto no se siente bien.
Nos inundamos en emociones difíciles que nos impiden tomar acción.
O tomamos acciones improductivas para lidiar con esas emociones (comer galletas, fumar, tomar…). 1fuente
Como consecuencia, nuestros hábitos, cuerpo y salud se quedan igual (o empeoran).
Durante años fui duro conmigo mismo.
Hasta lo veía como una virtud.
Pero esta actitud crítica me perjudicaba: tenía miedo a cometer errores, a fracasar, a no ser perfecto.
Y como era duro conmigo mismo, también solía ser duro con los demás, incluyendo a mis primeros asesorados.
Esto no ayudaba a nadie.
No fue hasta que la vida me dio un golpe (lesiones, dolor crónico, cirugías…) y que a raíz de esto empecé mi práctica de meditación que descubrí el mejor camino de la autocompasión.
Cultivar autocompasión te ayuda a reconocer tus fallas y defectos con ecuanimidad, sin una carga emocional negativa.
Te permite enfrentar el fuego sin quemarte.
“En lugar de negar que sus acciones pudieron haber causado algún resultado negativo o no deseado, las personas autocompasivas asumen un nivel de responsabilidad personal” sin reaccionar a la defensiva para así proteger su autoimagen y sin darle vuelta en su cabeza mil veces.2fuente
En específico, la autocompasión:
- Disminuye el malestar emocional que tiende a surgir de reconocer errores, fracasos y deficiencias personales
Puesto de otra manera, la autocompasión te lleva a una diferente forma de pensar, sentir y actuar, a una diferente forma de ser.
Y esta diferente forma de ser te ayuda a cambiar tus hábitos y progresar hacia tus metas.4fuente
Esto quizás explica porque la autocompasión facilita la pérdida de peso. 5fuente
Recuerda: los cambios en tu mentalidad casi siempre se manifiestan en cambios en tu cuerpo y salud.
La autocompasión tiene 3 elementos:
1) Prestar atención a tus pensamientos en el momento en el que aparecen en tu mente.
Llámale mindfulness o atención plena si gustas.
Nuestro autodiálogo de juicio y castigo suele ser tan frecuente y puede estar tan normalizado que ni nos damos cuenta de ello.
Y si no lo reconocemos, no lo podemos abordar.
2) Amabilidad
Desarrollar autocompasión implica tratarnos con amabilidad, como si fuéramos nuestro mejor amigo, o como una madre cuidaría a su hijo.
3) Humanidad común
Reconocer nuestra humanidad común es reconocer que todos somos imperfectos y que todos cometemos errores y presentamos dificultades en la vida.
Es parte de la experiencia de ser humano.

Ahora:
La autocompasión no es tenerse lástima, no es una actitud de víctima, de “pobre yo”.
No evades errores o fallas personales ni haces excusas o culpas a factores externos.
De nuevo, asumes responsabilidad sin abrumarte por emociones negativas y tomas acción para mejorar.
La autocompasión tampoco significa ser conformista ni autocomplaciente.
Al contrario, la autocompasión aumenta la motivación para actuar.
Otra vez, reconoces las áreas de tu vida que no te están funcionando, sin castigarte ni juzgarte por ellas, y te enfocas en mejorarlas.
En una escala del 1 al 10, donde 1 es “soy mi peor crítico” y es “soy la personas más autocompasiva del mundo”, ¿en dónde estás tú?
¿Cómo pudieras ser un poco más compasivo contigo mismo?
Este es un tema que discuto en el módulo #5 de mi curso de alimentación consciente para profesionales de nutrición en el que veremos estrategias específicas para evaluar y mejorar la relación con la comida.
La autocompasión es una de estas maneras.





