El espectro de la relación con la comida, ¿en dónde estás tú?

Mucho se habla acerca nuestra relación con la comida, pero poco se habla de exactamente a qué nos referimos por este concepto. ¿Específicamente qué constituye tener una mala relación con la comida? ¿Qué es una buena relación con la comida y qué se puede hacer para obtenerla? Esto exploramos aquí.
relación con la comida

Nuestra relación con la comida es la compleja interrelación de comportamientos, actitudes y pensamientos que giran alrededor de comer y la comida. 

No es un concepto binario (o tienes una buena relación con la comida o no la tienes), sino que es un espectro que va desde una mala relación con la comida en un extremo hasta lo que podemos llamarle “comer normal” en el otro.

espectro de la relación con la comida

Todos nos encontramos en algún punto de este espectro.

Examinemos el primer extremo.

¿Exactamente qué es una mala relación con la comida?

Desde una amplia perspectiva, una mala relación con la comida se manifiesta en lo que hacemos y pensamos, caracterizándose por la presencia de al menos uno de los siguientes tres aspectos: 

  • Comportamientos alimenticios que restan bienestar o interfieren con el adecuado funcionamiento físico, psicológico y/o social.  
  • Comer que regularmente se desalinea de necesidades fisiológicas, ya sea al comer mucho o muy poco. 
  • Frecuentes pensamientos y preocupaciones que giran alrededor de comer, no comer y la comida que ocupan considerable espacio mental. 

En específico, alguien con una mala relación con la comida puede tener uno o algunos de los siguientes comportamientos, actitudes y pensamientos:

Restricción y deseo de tener control

  • Frecuentemente está a dieta (es decir, pasa una considerable porción del tiempo conscientemente restringiendo qué y cuánto comer).
  • Se restringe o prohíbe alimentos (sin tomar en cuenta restricciones debido a alergias, condiciones médicas, o razones éticas o religiosas). 
  • Rigurosamente monitorea su alimentación. Esto puede manifestarse por contar calorías minuciosamente o registrar las “calorías quemadas” al hacer ejercicio.  
  • Se preocupa o estresa cuando no puede comer según su plan de alimentación o según lo que considera óptimo, por ejemplo, al comer en restaurantes, reuniones sociales o al estar de viaje. Para mantener el control, a veces evita estas “situaciones difíciles”. 

Sensación de falta de control

  • Siente que a veces no puede dejar de comer o que come impulsivamente, independientemente de la cantidad objetiva que haya comido. 
  • Es común que tenga vaivenes de estrictamente controlar/restringir lo que come con periodos de “perder control”. 

Reglas rígidas e inflexibles 

  • Sigue estrictas reglas que dictan:
    • qué comer (y no comer), 
    • cuándo comer (y cuando no),
    • cuánto comer. 
  • Seguir las reglas es hacer las cosas “bien” y no cumplirlas es hacer las cosas “mal”. Por ejemplo:
    • “Si como exactamente lo que dice el menú o la dieta, voy bien. Si me desvío, lo estoy haciendo mal.”

Compensaciones e intercambios 

  • Se ejercita, ayuna o salta comidas para compensar por haber comido “mal” o de más.
  • Piensa que se debe “ganar” el derecho a comer ciertos alimentos al antes hacer ejercicio, comer saludable o comer menos:
    • “Si quiero postre primero debo de hacer ejercicio.” 
    • “Tengo una fiesta en la noche, para poder comer ahí no comeré en todo el día.“
  • Hace intercambios o negociaciones consigo mismo, por ejemplo: 
    • “Si ‘como bien’ en la semana, entonces puedo ‘comer mal’ en el fin de semana.” 
    • “Necesito hacer 50 minutos de ejercicio para quemar 500 calorías y así poder comer pizza en la noche.”
    • “Mañana empiezo la dieta, así que hoy es mi último día para comer (inserta alimentos ‘prohibidos’ aquí). ¡A aprovechar!”
  • Tiene periodos en los que se da permiso de comer lo que quiera y cuánto quiera –las a veces conocidas “comidas trampa”–, cuando el resto del tiempo hay alimentos fuera de límites.  Por ejemplo:
    • “Solo los sábados puedo tomar alcohol y comer nieve, el resto de la semana no.”

Autocastigo y autojuicio

  • Es duro consigo mismo: se castiga, enoja o culpa por haber comido “mal” o más de lo que se considera necesario. 
  • Tiende a ser perfeccionista y magnifica “errores” cometidos en su alimentación. 

Emociones

Pensamiento dicotómico 

  • Piensa en alimentos “buenos” y “malos” y se dice afirmaciones como “me porté mal” o “pequé”. 
  • Siente que hay dos vocecitas en la mente, una que dice “Ni se te ocurra, ¡no comas eso!” y la otra que dice “¡Sí! ¡Cómetelo!” –como tener un ángel y el diablo en los hombros–.    
  • Piensa en “todo o nada”: si no come “perfecto”, siente que ya lo arruinó y que no tiene caso seguir intentando. 
  • Piensa en el proceso de mejorar su cuerpo y salud como un switch que se prende y se apaga: “está a dieta” o no lo está, o está en “modo viviendo saludable” o no lo está. 

Regulación externa de la alimentación 

  • Necesita que algo o alguien externo le diga qué comer, ya sea una dieta o algún profesional de salud. Si no tiene un plan de alimentación bien definido, es común que se sienta perdido, sin saber qué hacer. 
  • Tiene cierto estándar de lo que constituye la mejor o ideal forma de alimentarse que debe de cumplir. 
  • Se le dificulta percibir e interpretar sensaciones físicas de hambre y saciedad. Por ejemplo, batalla para distinguir entre hambre física de un antojo o una emoción, o no puede identificar cuando está físicamente satisfecho y para de comer solo hasta estar incómodamente lleno.1fuente

Si algunos de los comportamientos, actitudes y pensamientos resonaron contigo, no estás solo o sola.

Definida de la anterior manera, tener una mala relación con la comida es muy común, al grado que algunos de los comportamientos y actitudes que la caracterizan se han normalizado (yo antes tenía varios de ellos).

Si nos apoyamos de la evidencia científica, investigaciones estiman que 57 de cada 100 personas entre 20 y 40 años posee al menos un comportamiento o actitud problemático con la comida; 32 de cada 100 presta al menos dos; y 20 de cada 100 presenta tres o más.2fuente, fuente, fuente 

prevalencia de mala relación con la comida

A pesar de la alta prevalencia de una mala relación con la comida, hay algo que usualmente pasamos por alto:

Una mala relación con la comida tiene un propósito y una razón de ser

No es algo que se decide conscientemente. 

Está ahí porque está tratando de resolver un problema, aunque de forma ineficaz.

Pudiera ser una forma inconsciente de… 

… manejar las presiones sociales de tener un cuerpo “ideal” en medio de un entorno que obstaculiza comer saludable, 3fuente

regular emociones cuando no se disponen de otras estrategias,4fuente, fuente

… reaccionar ante dificultades interpersonales o experiencias de vida adversas,5fuente, fuente y/o

… obtener una sensación de control cuando la vida se siente impredecible.6fuente, fuente 

En otras palabras, los comportamientos, actitudes y pensamientos que caracterizan una mala relación con la comida suelen estar acompañados de dificultades en otras áreas de la vida. 

¿Cómo cultivar una buena relación con la comida?

La respuesta será diferente para diferentes personas y es imposible dar una breve respuesta aquí.

Lo que sí puedo afirmar es que para cultivar una buena relación con la comida no basta con alejarse de aquellos comportamientos o actitudes que afectan, sino que es necesario acercarse hacia formas de actuar y pensar que benefician. 

Los siguientes artículos te pueden apuntar en la dirección adecuada:

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