¿De dónde viene tu comida? Y por qué deberías saberlo 

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Podemos comprar prácticamente cualquier alimento en cualquier parte del mundo en cualquier época del año y desconocer cómo fue que llegó a nuestro plato. 

¿Fue producido en mi región o país? 

¿O tuvo que cruzar medio mundo para llegar a mí? 

Por ejemplo, la siguiente imagen describe diferentes vías mediante las cuales puede llegar atún enlatado a un consumidor en Estados Unidos. Sigue los números del 1 al 5 para una cadena que atraviesa todo el mundo:

No solo nos hemos desconectado de los orígenes geográficos de la comida, sino también de cómo fue producido. 

Siguiendo con el caso del atún, casi nadie sabe que se obtiene mediante métodos de pesca destructivos: por cada 100 kilos de atún que se pescan mueren desde 5 hasta 60 kilos de otras especies que se pescaron “accidentalmente”, entre ellas tiburones, aves marinas, tortugas de mar y delfines.

Pudieras estar pensando:

Pero yo solo quiero mejor mi cuerpo y salud, ¿por qué me debería de importar de dónde viene mi comida? 

Cuando estamos desconectados de nuestra comida, tomar buenas decisiones alimenticias se vuelve más difícil ya que todo parece dar lo mismo. 

Por ejemplo, todas la tortillas de maíz se pudieran ver como equivalentes, pero no es lo mismo una hecha con masa de nixtamal que una hecha con harina de maíz. 

En cambio, entre más sabes de dónde viene tu comida y cómo fue producida, tus decisiones serán más informadas y conscientes. Y así enriqueces tu entendimiento de cómo comprar comida nutritiva y sostenible.

Tres maneras de reconectar con tu comida

1) Aprende acerca de cómo se produce 

El proceso puede ser tan simple como preguntarle a Google:

“Cómo se produce/cultiva (inserta alimento aquí).» 

Si además te interesa leer sobre su impacto ambiental, otra búsqueda en Google te puede apuntar en la dirección adecuada: 

“Cómo se produce/cultiva (inserta alimento aquí) impacto ambiental

También puedes explorar los artículos que he publicado sobre la producción de carne, pescado, tortillas y alimentos orgánicos.

No se espera que sepas como se produce todo lo que comes (yo no lo sé) ni que conozcas todos los detalles, pero quizás te das una idea general de la producción de los alimentos que más compras en una semana. 

2) Aprende acerca de los orígenes históricos de los alimentos

En promedio, el 70% de los cultivos producidos y consumidos en un país son de origen extranjero.1fuente Y mientras que no encontré datos, pensaría que un dato similar aplica para los animales que comemos. 

Por ejemplo, las almendras son nativas de Asia, pero el mayor productor es Estados Unidos. 

El plátano, que se originó en el sur de Asia y que requiere condiciones tropicales para crecer, ahora se consume en 167 países, incluyendo regiones con clima templado.2fuente

El salmón solo habita de forma natural en el norte de América y Europa, pero el segundo mayor productor global es Chile. 

El siguiente mapa publicado en la revista Proceedings of the Royal Society y adaptado al español por Animal Gourmet, ilustra los orígenes de los principales cultivos agrícolas en todo el mundo:

Fuente original: Proceedings of the Royal Society.
Adaptado por: Animal Gourmet.

3) Prioriza alimentos locales

No existe un consenso acerca de lo que significa que un alimento sea “local”. Para propósitos de este artículo, es cualquier alimento producido en tu estado, región o país. 

Además de que te ayuda a reconectar con tu comida, comprar alimentos locales conlleva otros beneficios: 

  • Usualmente son más baratos.
  • Apoyan a la economía local.
  • Tienden a ser más sostenibles (aunque su beneficio es pequeño). Una verdura que viajó 200 km para llegar a tu plato tiene menos impacto medioambiental que una que viajó 9,000 km, aunque el beneficio obtenido es mucho menor que disminuir desperdicios o comer menos carne.3fuente

La próxima vez que hagas las compras, sé un detective: averigua la región o el país de origen de los alimentos y prioriza las opciones locales, aquellas que fueron producidas lo más cerca de ti. 

¿Cómo hacerlo? 

1. Revisa su calcomanía o etiqueta 

Revisa la pequeña calcomanía de las frutas y verduras, las señales que se colocan (usualmente especifican si algo es importado) o en su etiquetado (en caso de venir empaquetado).

2. Visita el mercado más cercano

La comida que se vende en el mercado usualmente es local, aunque hay excepciones. Si no estás seguro de dónde viene, pregúntale a quien vende los alimentos. 

Como alternativa, y dependiendo de donde vivas, es posible que existan apps que llevan la comida del mercado directamente a tu casa. No es lo mismo que tú ir, pero es una decente opción. 

3. Conoce las temporadas de las frutas y verduras 

Si una fruta o verdura no es de temporada y la encuentras en el supermercado, es probable que venga de otro país o región. 

Las temporadas varían de país en país, a continuación, las de México: 

Haz clic en la imagen para descargar

Si vives en España, dale un vistazo a la app Fruit Time para conocer las temporadas de frutas.

Tampoco es esperado que todo lo que compres sea local. En un mundo globalizado es imposible. 

Si no vives cerca del ecuador, comprar local significaría que nunca tomarías café ni comerías chocolate, lo cual no es realista ni deseable.  

Recuerda: aquí en Fitness Vitae no vamos a los extremos. 

Reconectar con tu comida en perspectiva

Conocer los orígenes de tu comida quizás no tenga un impacto directo en tu cuerpo y salud, pero es un pequeño cambio que te puede ayudar a tomar decisiones más conscientes e informadas en beneficio de tu salud y la del planeta. 

Además, es una oportunidad para cultivar gratitud hacia la comida y reconocer el privilegio que gozamos de podernos alimentar saludablemente.

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