La mayoría de las personas ya tienen una idea de qué alimentos comer.
Ya saben que necesitan comer suficiente proteína, suficientes verduras y menos alimentos procesados.
Podemos saber esto, pero aun así…
… batallar con antojos,
… comer por estrés y emociones difíciles,
… batallar para regular porciones,
… o, en general, sentir que no podemos controlar nuestros hábitos.
¿Por qué ocurre esto?
Hay varias razones que podrían explicarlo.
Y no, falta fuerza de voluntad no es una de ellas.
Hoy me enfoco en una causa común que rara vez reconocemos: falta de herramientas de regulación emocional.
Y no la reconocemos porque no lo vemos como algo que esté directamente relacionado con la alimentación.
Queremos comer saludable, entonces nos enfocamos en aprender sobre la ciencia de la nutrición.
Esto es esencial e importante (y es algo que promuevo), pero para algunas personas es un enfoque incompleto que debe de ser complementado con estrategias NO nutricionales.
Y un interesante estudio puso esta hipótesis a prueba.
Los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos:
- Regulación emocional: asistieron a un taller donde aprendieron estrategias para regular emociones efectivamente.
- Educación nutricional: asistieron a un taller donde aprendieron sobre proteína, grasas, carbohidratos, leer etiquetas nutricionales, etc.
- Control: no recibieron ninguna intervención.
¿Qué observaron?
Dos días después de haber asistido al taller, el grupo de educación nutricional comió menos calorías, menos alimentos procesados y más alimentos saludables en comparación con el grupo control.
Esto era de esperarse.
Pero esto no es lo interesante.
Lo intersante es que en comparación con el grupo de educación nutricional, los participantes del grupo de regulación emocional comieron aún menos calorías, aún menos alimentos procesados y aún más alimentos saludables.

En otras palabras, aprender a regular emociones fue superior a aprender sobre nutrición.
Considera que la intervención de regulación emocional tenía un enfoque general, no era específica para mejorar alimentación. Aun así, se mejoró la alimentación.
Esto tiene sentido si consideramos que las emociones influyen en nuestro cuerpo, salud y hábitos.
Por un lado, emociones difíciles como ansiedad y enojo conllevan una respuesta fisiológica que si se activa de forma crónica afecta directamente nuestra salud.
Por otro, las emociones influyen en nuestro comportamiento.
Un clásico ejemplo: sentimos ansiedad y buscamos comida para calmarla.
Ahora, lo que nos afecta no es tener las emociones, sino nuestra capacidad para regularlas.
No controlamos que emociones sentimos, pero sí controlamos cómo respondemos, experimentamos y expresamos esas emociones una vez que aparecen.
Y entre mayor sea nuestra capacidad para regular emociones mayor será nuestra capacidad de regular qué y cuánto comemos.
Y el estudio anterior apoya esta afirmación.
Ahora, si el estudio también hubiera combinado educación nutricional con regulación emocional pienso que los resultados hubieran sido todavía mejores.
Es por esta razón que en mis asesorías combino tanto estrategias nutricionales como estrategias que van más allá de nutrición, entre ellas:
- regulación de antojos,
- manejo de estrés,
- mejorar relación con la comida,
- entre otros.
Qué estrategias uso dependerán de lo que cada persona busque y necesite.
Si te interesan, puedes aprender más de mis asesorías aquí.





