Dejemos de decirles a los demás que bajen de peso

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A donde sea que volteemos, desde las pláticas con amigos y familiares, hasta los círculos médicos y la publicidad en los medios, existen presiones para que bajemos de peso. El mensaje subyacente es “baja de peso, es bueno para ti”, o, visto desde otro ángulo, “tener exceso de peso es inaceptable”.

A esto le podemos agregar el bombardeo de imágenes del “cuerpo ideal”: mujeres delgadas y tonificadas, hombres definidos y musculosos.

La consecuencia: idealizamos la delgadez, denigramos la gordura.

Como sociedad estigmatizamos a personas con sobrepeso. Tanto los medios, familiares, amigos e incluso profesionales de salud las juzgan como flojos, indisciplinados, irresponsables e incompetentes.

Tener sobrepeso también lleva a que las personas sean tratadas injustamente, por ejemplo, lleva a que se les de un peor tratamiento médico, menores oportunidades de empleo y menos paga.1fuente, fuente

Ante el mal trato y las fuertes presiones sociales para bajar de peso, ha emergido como resistencia el movimiento de aceptación del sobrepeso, entre los que sobresale el enfoque Salud a cualquier talla (Health at Every Size), que trata de no solo eliminar el estigma que existe alrededor del exceso de peso y eliminar estándares de belleza (algo digno de aplaudir) sino que también trata de desligar las cuestiones de peso de las cuestiones de salud.

Unas de las maneras de compartir su mensaje es al promover imágenes de modelos (casi siempre mujeres) con sobrepeso:

Crédito: moreplusplease.com

Su mensaje es borroso y confunde al público. No es del todo claro si lo que dicen es “el peso es irrelevante para la salud” o “el peso no lo es todo para la salud”. Debido a que su meta es quitar el énfasis que se le da al peso, una manera de hacerlo es no abordar el tema de salud y peso directamente.

Por más contradictorio que parezca, hay tanto peligros como méritos detrás de este enfoque.

 

El peligro de normalizar el sobrepeso

Creo que casi todos podemos estar de acuerdo en dos puntos:

Uno, no debemos juzgar el carácter de una persona ni tratarla injustamente por su peso ni apariencia física. Es claro que tener sobrepeso y obesidad no es una decisión personal, es un problema del entorno. Además, juzgar y hacer sentir mal a otros por su apariencia no funciona, de hecho, lleva a lo opuesto, a menos hábitos saludables.2fuente, fuente

Dos, el sobrepeso es un factor de riesgo, entre muchos otros, para varias enfermedades crónicas.3fuente, fuente, fuente

Cuando se pretende que el exceso de peso no afecta la salud, como parece estarlo haciendo el movimiento de aceptación del sobrepeso al promover imágenes de modelos de mayor talla, muchas personas concluyen, consciente o inconscientemente, que tener sobrepeso es “normal” y socialmente aceptable, lo que a su a su vez disminuye su motivación para llevar a una alimentación saludable y hacer ejercicio.4fuente

De hecho, menos personas quieren perder peso hoy que en las últimas décadas, a pesar de que los índices de sobrepeso/obesidad siguen aumentando.5fuente, fuente

Esto sugiere un punto importante: la mayoría de las personas con sobrepeso no desean perder peso para mejorar su salud sino para ser tratadas mejor, para pertenecer y ser aceptadas por los demás. Inconscientemente pueden pensar: si el sobrepeso es socialmente aceptable y no se me va a tratar mal por ello, entonces, ¿para qué perder peso? Los beneficios a la salud quedan en segundo plano.

Entonces, de la misma forma que exponerse a imágenes editadas de modelos superdelgadas perjudica la salud de algunas personas (al llevarlas a hacer dietas estrictas y ejercicio excesivo en busca del “cuerpo ideal”), también promover imágenes de modelos con sobrepeso tiene sus consecuencias negativas (al llevar a algunas personas a creer que el peso es irrelevante para cuidar la salud). Parece que no nos gustan los puntos medios.

Dos extremos de un mismo problema.

Ahora, como el sobrepeso afecta la salud y como normalizarlo es problemático, se cree que abordar a las personas directamente o confrontarlas para que pierdan peso es la solución a este problema.

Esto aplica en el plano personal, cuando las personas, en general con buenas intenciones, piensan que con decirle a la persona que baje de peso por su salud, se solucionará el problema. Esto también sucede en el plano institucional, en los medios o en campañas publicitarias. Pero enfocarnos en que los demás bajen de peso no ayuda e incluso puede perjudicar. Este punto es el que usualmente pasamos por alto.

Campañas publicitarias como esta presionan a que la gente baje de peso y no funcionan (puedes leer más sobre la campaña aquí).

 

Las consecuencias de enfocarnos en que los demás bajen de peso

El sobrepeso es un problema de nuestro entorno, no del individuo, ¿por qué nos enfocamos tanto en el individuo?

¿Qué tanto ayuda alentar, inclusive presionar, a las personas para que bajen de peso?

No mucho.

La constante presión social para bajar de peso y la constante opinión de cómo el peso de los demás debería de ser lleva a tres consecuencias desfavorables.

La primera es que algunas personas se resisten: “no voy a tratar de bajar de peso porque tú o los medios o la sociedad me digan que tengo que hacerlo”. Esto es natural y esperado: presionar a alguien, implícita o explícitamente, a que deba bajar de peso no funciona para que haga un cambio.6fuente De esta resistencia es donde nace el movimiento de aceptación del sobrepeso; si no existieran presiones, el movimiento no existiría.

La segunda es que puede funcionar contrario a lo que se esperaba, y las personas inclusive desarrollan peores hábitos. Sentir que todos están encima de ti, presionando y opinando acerca de tu cuerpo puede llevar a sentir que tu cuerpo está “mal” y a que te veas a ti mismo como una persona “inaceptable.” Esto es estresante, lo que frecuentemente lleva a comer de más. A su vez, este estrés se puede traducir en inflamación crónica de bajo grado lo que incrementa el riesgo de enfermedades crónicas como diabetes tipo 2. 7fuente, fuente, fuente, fuente

Y la tercera consecuencia es que algunas personas, en un desesperado intento por bajar de peso y así no ser juzgadas por los demás, intentan lo que sea: ciclos sin fin de dietas estrictas (las cuales no solo no funcionan sino que empeoran la salud); en casos extremos, se recurre a laxantes o diuréticos, a purgarse o a cirugía. 8fuente, fuente

Nuestro fuerte énfasis en decirles a los demás que tienen que bajar de peso no está ayudando a nadie.

¿Por qué no dejamos de presionar a las personas para que bajen de peso y dejamos que ellas mismas decidan que quieren hacer con su cuerpo y salud?

Paradójicamente, esto daría mejores resultados.

 

La paradoja del cambio

La idea es la siguiente: no estigmatizar ni normalizar el sobrepeso, pero tampoco presionar a que los demás bajen de peso.

Esto no significa que el peso no sea importante para salud (sí lo es). Significa que centrar nuestro discurso alrededor del peso y presionar implícita o explícitamente a alguien para que lo baje no ayuda, incluso puede perjudicar.

Paradójicamente, una manera de ayudar a que otras personas bajen de peso es al no enfocarnos en que bajen de peso.

El psicólogo Carl Rogers escribió: “la paradoja del cambio es que cuando me acepto como soy, entonces puedo cambiar”. Lo mismo aplica en nuestras interacciones con otros, ya sean extraños, pacientes o amigos y familiares: cuando los aceptamos tal como son –independientemente de su peso, apariencia física o lo que hagan (o no hagan) por su salud– se facilita el cambio.

Aceptar a otra persona implica no querer cambiarla ni juzgarla. Esto no significa que estés de acuerdo con sus acciones, es irrelevante. Puedes no estar de acuerdo con que un amigo o familiar coma comida chatarra todo el día o que no haga ejercicio, pero aún así le puedes demostrar que lo valoras y aceptas como persona.

También implica darle a entender a alguien más que tiene completa libertad de actuar como quiera actuar, y que lo que decida no cambiaría tu trato o aprobación hacia ella.

Cuando las personas se sienten aceptadas por quienes son y por lo que hacen, ya no tienen nada que resistir ni nada que demostrar. Solo entonces se pueden preguntar: ¿qué es lo que yo realmente quiero para mi salud?

Con esta libertad de acción, pueden empezar a tomar pasos para mejorar su salud y, si así lo quieren, a bajar de peso.

 

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