Te comparto 4 recomendaciones para alimentar a tus hijos de forma que les haga bien física, mental y emocionalmente.
Y que además te brinde paz mental a ti.
Si no tienes hijos, lo que te comparto quizás te ayude a entender mejor tu experiencia de adulto.
Ahora, no soy papá. Así que no te puedo hablar desde el punto de vista de ser padre.
Pero sí te puedo hablar desde lo que sabemos de psicología y comportamiento humano, desde mi experiencia como hijo y desde mi experiencia asesorando a papás.
De niños, a muchos nos dijeron cosas como estas:
Acábate todo lo que hay en el plato. Hay muchos niños que no tienen nada de comer.
Los niños buenos comen de todo.
No te paras de la mesa hasta que comas tus verduras.
¿Te pasó a ti?
O quizás observaste a tus padres siguiendo dieta tras dieta tras dieta durante años y preocupándose excesivamente por la comida.
Lo reconozcamos o no, este tipo de experiencias comúnmente moldean nuestra relación con la comida y nuestros comportamientos de adultos.
Una mala relación con la comida de los padres puede llevar a usar prácticas de alimentación inadecuadas.1fuente Por ejemplo: forzar a los niños a terminarse todo el plato, dar comida para regular emociones…
Esto, a su vez, puede obstaculizar la capacidad del niño para responder de manera diferente a señales externas (p. ej., ver comida, cantidad de comida en el plato), a emociones y a sensaciones físicas.2fuente
Esto explica, en parte, por qué de adultos muchas personas batallan con comer por emociones, con una mala relación con la comida y con comer según sus señales de hambre y saciedad.
Con esto en mente:
¿Cómo alimentar a tus hijos de forma que les haga bien física, mental y emocionalmente?
Considera las siguientes 4 recomendaciones.
1. Mejora tu propia relación con la comida.
Si cultivas una buena relación con la comida, es probable que de forma intuitiva alimentes a tus hijos adecuadamente.
2. Pon en práctica los comportamientos que te gustaría que tus hijos cultiven.
Tus acciones tienen mucha más influencia que tus palabras.
Por ejemplo, si quieres que se nutran comiendo verduras, tú come verduras.
Los niños se inclinan hacia comportamientos que ven con frecuencia y que son la norma en tu hogar.3fuente, fuente
3. Haz tu parte y confía en que tus hijos harán la suya.
En lugar de pensar que la responsabilidad de alimentarlos recae totalmente en ti, ve las responsabilidades nutricionales como divididas entre tú y tus hijos:
- Tú decides qué alimentos proporcionar y cuándo ofrecerlos.
- Tus hijos deciden si comer (o no) y, si comen, ellos deciden cuáles de los alimentos disponibles comer y cuánto comer.
Esta filosofía está basada en la División de Responsabilidades en la Alimentación de Satter, la que a su vez está basada en principios de psicología.4fuente
De forma puntual, así puedes ver la división de responsabilidades:
La responsabilidad de los papás:
- Comprar la comida (y decidir qué alimentos hay en casa y cuáles no).
- Preparar la comida.
- Proporcionar comidas y snacks regulares en horarios establecidos.
- Hacer que el tiempo de comer sea agradable.
La responsabilidad de los hijos:
- Decidir si quiere comer (o no).
- Decidir cuáles de los alimentos disponibles comer.
- Decidir cuánto comer.
Si les proporcionas suficientes alimentos nutritivos, confía en que ellos van a regular efectivamente cuánto comen para tener un buen crecimiento.
Esto involucra ceder el control y darles poder de decisión a tus hijos.
Es probable que coman de forma errática: quizás un día desayunan poco (o nada), quizás otro día desayunan mucho, quizás dan 2 mordidas en la comida, pero en la cena comen porción doble.
Esto es normal.
Estudios han observado que, si les permites que ellos mismos regulen cuánto comen, la cantidad que comen por tiempo de comida puede variar considerablemente de un día para otro, pero lo que comen durante todo el día es relativamente constante.5fuente
Una de las principales investigadoras en el tema, Leann L. Birch, concluyó esto:
La mejor manera de alimentar con éxito a los niños es proporcionándoles una variedad de alimentos saludables y permitiéndoles comer lo que deseen.
4. Mantén una postura neutral ante lo que comen (o no).
En lugar de celebrar o castigar sus comportamientos –que son poco efectivos6fuente–, mejor haz preguntas para entenderlos.
Por ejemplo, si tu hija probó una verdura que antes no comía…
… en lugar de celebrarlo:
¡Yei! ¡Qué bien que te comiste el brócoli!
… mejor haz una pregunta como:
– ¿Qué te pareció el brócoli que acabas de comer?
– No me gustó.
– ¿Qué fue lo que no te gustó?
– Estaba muy duro.
– Y era difícil masticarlo, me imagino. Si lo preparo para que esté más suavecito, ¿piensas que lo probarías otra vez?
– Mmm… creo que sí.
Lo que sea que te respondan está bien. No hay respuestas correctas.
De nuevo, tu postura es neutral.
Y lo que te respondan usualmente te da pistas acerca de cómo preparar o cocinar los alimentos para incrementar la probabilidad de que los coman por decisión propia.
Y aquí lo dejamos.
Este artículo claramente no cubre todo lo que se puede decir del tema, pero abarca los puntos que considero más importantes.
Si te gustaría mejorar tu relación con la comida y tus hábitos de alimentación para así ser un ejemplo positivo para tus hijos, escríbeme a mi WhatsApp y platicamos de cómo podríamos trabajar juntos.
Si eres nutri, este artículo es una pequeña parte de lo que vemos en el módulo de hambre en mi curso práctico de alimentación consciente para profesionales.
– Guillermo





