Actualmente estoy completando una certificación en sueño, manejo de estrés y recuperación.
Y hace algunas meses, en una de las lecciones, leí sobre una diferente forma de pensar acerca de los “malos hábitos” que te quiero compartir.
Tiene todo el sentido del mundo.
Es una perspectiva que, de cierta manera, ya reconocía pero no había interiorizado. A veces necesitamos que alguien nos comuniqué una idea con otras palabras (o que nos la comuniqué docenas de veces) para que nos haga clic.
Y es una perspectiva que me ha ayudado tanto a mí como a los pacientes a quienes se las he compartido.
Posiblemente te ayude a ti también (o a tus pacientes).
Verás:
Tener “malos hábitos” no significa que seas flojo, que no estés motivado, que te estés autosaboteando o que no tengas disciplina o fuerza de voluntad.
En realidad, los “malos hábitos” son un intento por solucionar un problema.
Comportamientos habituales como…
… desvelarte viendo Netflix o navegando en redes sociales,
… tomarte copas de más para descargar el estrés acumulado del trabajo,
… comerte uno (o dos) paquetes de galletas cuando sientes ansiedad,
… procrastinar revisando tu email cada 5 minutos en lugar de avanzar en ese proyecto de largo plazo,
… tomarte 6 tazas de café para mantenerte despierto durante tu jornada laboral,
… o (inserta tu “mal hábito” de preferencia aquí),
de alguna extraña manera, te están tratando de ayudar.
Sí, ayudar.
Son un intento de lidiar con estrés, ansiedad, emociones incómodas o alguna otra experiencia difícil o dolorosa.
Estos “malos hábitos” tienen una razón de existir.
Tienen lógica y sentido.
Y no te hacen un “mala” persona por tenerlos.
La cosa es que:
“Malos hábitos” como los anteriores, mientras que son una lógica solución en el corto plazo, usualmente tienen consecuencias a largo plazo.
O pudieran haberte funcionado antes, en cierta medida, pero después de cierto punto dejaron de ser útiles.
Por ejemplo:
Comerte un paquete (o dos) de galletas puede ayudar a disminuir ansiedad y a escapar de pensamientos intrusivos, pero, si esto se repite con frecuencia puede dificultar lograr tu meta de largo plazo de llegar a un peso en el que sientas más cómodo o de regular tus niveles de glucosa.
O procrastinar puede ayudarte a lidiar con la incomodidad que surge cuando te atoras con un proyecto de trabajo, pero también te dificulta alcanzar tus metas profesionales de largo plazo.
La procrastinación no tiene nada que ver con ser flojo. Según trabajo de un de los investigadores más prominentes en el área, Timothy Pyhcyl, la procrastinación es más bien una estrategia de regulación emocional (uno de sus análisis aquí).
La procrastinación también aplica al dormir.
Desvelarte puede ser una forma de “procrastinación venganza” (en inglés, revenge bedtime procrastination), es decir, sacrificas tu sueño a cambio de tener tiempo de esparcimiento cuando en tu rutina diaria sientes que no tienes tiempo libre.
(El término es una traducción de una expresión china que se decía por las largas y estresantes jornadas laborales que tienen en el país. Dormir poco es una extraña forma de “venganza”).
De nuevo, este tipo de comportamientos tienen lógica y sentido, a pesar de que al largo plazo no funcionen muy bien.
Además de ver a los “malos hábitos” como soluciones de corto plazo que no han funcionado, también es útil reformularlos como no tener suficientes herramientas, o las adecuadas herramientas, para lidiar con un problema.
Quizás comes el paquete (o dos) de galletas porque, en este momento, no has desarrollado otras herramientas para lidiar con emociones incómodas.
La buena noticia es que puedes adquirir y aprender estas herramientas. (Recordando la newsletter de hace unos meses, desarrollar herramientas de regulación emocional puede mejorar tu alimentación mucho más que aprender de nutrición.)
Entonces:
En lugar de ver a los “malos hábitos” como “malos”, una perspectiva más centrada y certera es verlos como:
- Un intento por solucionar un problema (aun y cuando pueda tener consecuencias a largo plazo).
- No tener suficientes herramientas, o las herramientas adecuadas, para lidiar con el problema, pero que puedes desarrollar.
Puesto de otra manera:
Los “malos hábitos” son hacer lo mejor que puedes con lo que tienes.
No sé si sea igual para ti, pero ver a los hábitos de esta manera quita presión de encima, ¿no?
Te lleva a no culparte o castigarte por tener estos comportamientos y, en cambio, a tratarte con más autocompasión.
Y entre más autocompasión desarrolles, más fácil es cultivar hábitos que funcionan mejor para ti, tanto el corto como al largo plazo.
Si batallas con “malos hábitos”, ya sabes que te puedo ayudar a desarrollar las herramientas para romper con ellos y crear nuevos hábitos que te ayuden a verte, sentirte y vivir mejor.
Aplica al Plan Vitae y vemos si podemos trabajar juntos.





